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sábado, 7 de mayo de 2011

ATEISMO Y RACIONALIDAD

ATEÍSMO Y RACIONALIDAD Gonzalo Echeverri Uruburu
gonech@hotmail.com
Un grupo de intelectuales colombianos ha publicado recientemente el Manual de Ateología, una colección de breves artículos en los cuales sus autores explican las razones y motivos de su incredulidad en Dios. Como era de esperarse los argumentos presentados son los mismos de siempre: el Ser Supremo es una creación de la mente humana para explicar de alguna forma el origen de las cosas, una manera cómoda de resolver todas las grandes dudas, una ficción armada con toda clase de virtudes humanas y atributos portentosos e imaginarios. En fin, una creencia que nuestra mente necesita debido a su gran limitación.
Para los autores, esta creencia es infundada: la ciencia va resolviendo cada vez más los enigmas de la naturaleza sin necesidad de acudir a explicaciones metafísicas. Y si exigimos que todo tenga un comienzo, es válido entonces preguntar por qué el Creador no tiene también un comienzo y por qué el Universo tuvo que ser creado (Antonio Vélez); fuera de ello, el evidente mal que hay en el mundo y el sufrimiento humano son incompatibles con la existencia de un Dios bueno. Y como si lo anterior no fuera suficiente, los dogmas absurdos y el fanatismo, persecuciones y guerras que las creencias religiosas han generado con tanta frecuencia llevan a la conclusión de que la religión no es más que una creación humana (Héctor Abad Facio-Lince).
Es claro que los argumentos expuestos son serios y pueden ser aceptados racionalmente. Es más, son los mismos que desde hace centenares de años han acogido muchos pensadores y corrientes espirituales de todo el mundo, desde los sofistas y los epicúreos griegos hasta los materialistas franceses del siglo XVIII y los actuales positivistas y agnósticos.
Sin embargo, esta posición radicalmente racionalista conduce a una irracionalidad insoslayable porque no puede escapar a los grandes interrogantes que tanto desde la perspectiva filosófica como desde la puramente humana y existencial quedan sin resolver: ¿no repugna a la razón que todo haya surgido simplemente por azar sin que tenga ningún sentido, ningún valor, ninguna razón de ser? ; la vida humana – por obra del racionalismo extremo – desemboca inevitablemente en el vacío y el absurdo que acechan por todas partes; porque lo que existe, en definitiva, es infundado e ininteligible, no tienen ningún propósito ni meta.
Explicar el mundo y la vida con la idea de Dios es explicar un misterio con otro misterio .Pero la idea y la experiencia de Dios es una posibilidad de sentido y valor para una realidad agobiante. ¿Pueden el ateísmo y el agnosticismo dar fundamento a la realidad? Muchos de los que se declaran incrédulos manifiestan estar tranquilos, relajados y hasta felices según el eslogan: Dios no existe, disfruta la vida ¿se les podrá creer? Ellos obran como si la causa del malestar humano fuera la idea de Dios que es, al contrario y a pesar de todos los excesos y enigmas, una posibilidad abierta a la esperanza .Como lo reconoce, desde su perspectiva agnóstica Carlos Gaviria Díaz, sin la fe quizá la gran mayoría de los humanos “no podrían organizar su existencia y su conducta de una forma adecuada para la convivencia y tal vez ni siquiera podrían sobrellevar la vida “
Muchos de los argumentos que se esgrimen contra la existencia de Dios, se dirigen más bien contra lo absurdo de muchos dogmas y contra la actitud de los sectarios y fanáticos religiosos de todos los pelambres, como lo dice Humberto de la Calle. Pero tales razonamientos nada prueban en contra de la gran idea metafísica que el hombre concibió para superar el absurdo y el nihilismo, la idea del fundamento racional del mundo ;porque es más racional creer que el mundo, la vida, la existencia misma del ser humano no son fruto de un conjunto de improbables casualidades y que tienen un propósito- misterioso si pero fuente de significado y valor – que postular que somos un subproducto accidental y sin importancia de procesos naturales, o una especie de “ enfermedad de la materia” que cuando envejece pierde sus altas temperaturas y su radiación del alta frecuencia según el gran abanderado del agnosticismo científico, Bertrand Russell. Si no hay un Ser Supremo fundamento del Ser, es inevitable pensar con el biólogo y Nobel J. Monod que el hombre “descubre su total soledad, su aislamiento fundamental…Que vive en los límites de un mundo extraño, un mundo que es sordo a su música, y tan indiferente a sus esperanzas como a sus sufrimientos y crímenes”.
Pero, ¿de cuál Dios estamos hablando?.¿De los de la naturaleza animistas o del arcano e incomprensible para-brahman de los hinduistas o del colérico Jehová del Antiguo Testamento, o del padre bondadoso de Jesús, o del Dios abstracto de algunos filósofos teístas, o de la divinidad inmanente al mundo de los panteístas? Hay profundas divergencias y contradicciones en las concepciones de la divinidad que varían inmensamente, pero todas conducen a lo mismo: hay un principio consciente e inteligente que es el origen de todo, que es su fundamento y sustento, fuente de todo valor y sentido. El ateísmo es frecuentemente un problema semántico, pues incluso declarados ateos como los budistas, en definitiva se ven obligados a reconocer que debe existir “lo no condicionado, lo no nacido”, en una palabra lo absoluto, el nirvana. La creencia en Dios no cuenta con pruebas irrefutables, pero su negación tampoco. Es un problema abierto que permite cualquier opción y por ello es aceptable que, a la manera de Pascal, decidamos apostar por la existencia de Dios como una alternativa racional.
Afirmar que la ciencia ha demostrado que Dios no existe es poco menos que un exabrupto. Y aunque la ciencia no se ocupa de los principios últimos son precisamente descubrimientos científicos fundamentales los que plantean graves interrogantes: si el universo tuvo un principio según la teoría del big bang ¿cómo pudo surgir de la nada? , y si la materia fuera eterna, ¿porqué no se ha agotado toda su energía útil en su continuo e irreversible desgaste ( entropía )? y ¿porqué no se ha consumido toda su reserva de hidrógeno?¿ Y cómo puede aceptarse que solo por casualidad se dieron tan numerosas y tan complejas y precisas condiciones para que surgiera la vida? Es más, el pensamiento de muchos científicos contemporáneos conduce a la creencia y no al ateísmo comoquiera que la ciencia ha descubierto un fondo de orden e inteligencia en lo existente. Lothar Schäfer, un destacado científico dedica un denso libro a este tema En busca de la realidad divina en el cual podemos leer como conclusión de su examen de las implicaciones de la física cuántica: si existe una unidad cósmica a la cual puede remontarse nuestra propia consciencia, debe ser una Consciencia Cósmica: una mente cósmica, autónoma y autoconsciente .Ya Max Planck había expresado: el hecho de que las leyes naturales evidencien una razón apunta a una Razón superior que las ha creado. Y Heisemberg , otro gigante de nueva física es más explícito : Creo que Dios existe y que de Él viene todo .Por su parte Einstein abogaba por una “religiosidad cósmica” y recientemente Francis S. Collins, líder durante más de una década del proyecto Genoma Humano no vacila en afirmar en su obra ¿Cómo habla Dios? que” de todas las concepciones del mundo, el ateísmo es la menos racional”. Se podrían multiplicar las citas en este sentido .Pero lo expuesto es suficiente para concluir que Dios sigue ocupando un lugar central en el pensamiento humano y que su existencia no es sólo posible sino también más racional cualquiera que sea la forma en que se le conciba : como Dios personal (sin ingenuo antropomorfismo ) según la tradición occidental o como la incomprensible realidad última de los místicos que penetra y sustenta todo lo existente, o como ambas cosas a la vez si conciliamos lo contradictorio tal como hace la física cuántica con la dualidad onda –partícula. Y como lúcidamente lo expresa Andrés Mejía Vergnaud, uno de los ateos autores del Manual, la idea de que no existe Dios está sujeta a revisión de acuerdo con las evidencias, como están todas las ideas que sostiene una persona de mentalidad científica y racional.

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